Por Danny Brenes.
Hace poco más de dos semanas concluí la lectura de una de las novedades más sonadas durante el año en el diminuto mundillo literario costarricense —aunque la obra en cuestión sea salvadoreña—: Heterocity, del conocido (tan conocido como puede ser un escritor local en la región, en todo caso) Mauricio Orellana Suárez.
Las casi 500 páginas de la obra, editada y publicada por Lanzallamas, y que fuera premiada, a principios de año, con el Mario Monteforte Toledo, uno de los galardones más importantes en materia literaria en el Istmo, al que fue presentada con el título de esta entrada, relatan un número de historias paralelas que se entrecruzan entre sí hasta abrazarse en un nudo final, atado con maestría por la pluma del cuscatleco.
Juntas, estas líneas dibujan el entramado de una ciudad en la que la libertad sexual y la represión chocan, a veces de manera frontal, en otras tantas ocasiones bajo el manto de la hipocresía, de los tapujos y de la mojigatería.
En concreto: un diputado de izquierda, ante la oportuna aparición de un miembro de los movimientos por los derechos de los grupos LGBT, presenta ante la Asamblea Legislativa un proyecto que legalice, de manera contundente y definitiva, las uniones civiles entre parejas del mismo sexo, al tiempo que les permite a estas la adopción de niños.
En su camino topará con enemigos que él mismo no conocía; puñales de acero frío se clavarán en su espalda, puñales que desangran y manchan el expediente de una carrera y una vida que caen al suelo en trizas.
Entre tanto, un grupo de asistentes a una disco gay es puesto en cautiverio por un grupo de hombres extraños, armados, sombríos. Son obligados a permanecer encerrados dentro de un clóset gigante y juntos deberán soportar los embistes traicioneros de una sociedad de dos caras; una sociedad que esconde lo que le estorba, pero lo hace bajo el velo de lo secreto, lo que otros no deben saber.
Además de estos dos grandes ríos de flujo narrativo, Mauricio nos enfrenta con tantas otras historias: las vivencias de un homosexual al que un grupo de católicos conservadores pretende “curar”; una mujer de ultraderecha que por sí sola es capaz de hacer temblar los pilares de la libertad de expresión; un joven suicida, azotado por la culpa de haber seguido los impulsos que su cuerpo le enviaba. El etcétera es largo, exhaustivo.
Todas estas historias comienzan y terminan con la frase que, como una amenaza por saludo de bienvenida, los editores astuta y acertadamente guindaron en la primera línea del texto de contratapa del libro: ¿Debe legalizarse el matrimonio de parejas del mismo sexo?
Lo que Mauricio nos brinda no es precisamente un catálogo de razones por las que la respuesta a dicha pregunta debe ser positiva. No, en su lugar, el autor ofrece el retrato de ese océano de opiniones y visiones de mundo en el cual navega, día a día, ahí afuera, en el mundo real, tal cuestión; por la que tantos luchan, con justa razón, y a la que tantísimos se oponen, a veces por cuestiones que escapan de su comprensión.
Orellana entrega a los lectores la posibilidad de conocer, desde adentro, un mundo al que los heterosexuales rara vez tenemos oportunidad de llegar. Heterocity es, además de una gran obra artística, un documento de peso que se erige como piedra angular en la lucha de las minorías sexuales.
Una lucha que no cede espacios, que se atrinchera: que tiene por objetivo la libertad.
Y, cada tanto, gana una que otra batalla.
Claro, hasta que se llega a los comentarios.
