Por Manfred Vargas.
Como ya habrán escuchado, luego de su exitosa destrucción de la popular red social Facebook, Anonymous ha librado el que probablemente sea su golpe más espectacular hasta el momento: la completa desarticulación de la infame y sanguinaria agrupación criminal Los Zetas, quienes por años sembraron el terror y el caos en varias regiones de México y Centroamérica.
¿Ah, no?
Por supuesto que no.
En estas y otras páginas, ya he comentado más de una vez sobre la tendencia de la prensa de informar acríticamente cualquier evento relacionado con tecnología. Es una actitud en la que todo lo relacionado con la web y sus diferentes manifestaciones tiene que ser positivo, y en donde todos aquellos “gurús” dedicados al progreso de la computación son automáticamente seres superiores con un pie en el Premio Nobel de la Paz y otro, en las puertas del cielo.
Claro, no solo es la prensa. Hay toda una industria de “académicos” que se dedican a exaltar los milagros de la web 2.0, con un estilo de redacción que cualquier lector confundiría con un comunicado de prensa. En las mismas escuelas de Periodismo, ahora la moda está en la revolución de las “redes sociales” y en lo emocionante que es este cambio paradigmático, sin adoptar una postura crítica ante lo que esto pueda significar.
En este contexto, el caso de Anonymous es especialmente fascinante porque es un grupo de hackers activistas, quienes ocultan su identidad mientras se dedican a realizar travesuras virtuales de carácter contestatario. Se dice que su estructura es completamente descentralizada y que cualquiera puede ser parte del grupo. Por lo tanto, su naturaleza es imposible de encasillar, y la identidad de sus miembros es un misterio.
Eso ha provocado que los medios empiecen a ver miembros de Anonymous por doquier y consideren que vale la pena reportar, como si fuera verdad, cada acto que se dice que esta agrupación planea cometer. Por ejemplo, alguien que decía hablar en nombre de Anonymous declaró que el 5 de noviembre pasado se iban a traer abajo a Facebook, por lo que decenas de medios dieron a conocer la noticia, aun cuando personas relacionadas con el grupo desmintieron repetidamente tal afirmación.
Lo último fue la ocurrencia de una supuesta célula mexicana de Anonymous que, en un video colgado en YouTube, amenazó con revelar información secreta de Los Zetas (informantes, contactos, etc.) si no liberaban a un supuesto hacker que aparentemente fue secuestrado por ese cartel en las calles de Veracruz.
Rápidamente, los titulares anunciaban: “Anonymous le declara la guerra a Los Zetas”. Periodistas serios que dedicaron más de quince minutos a investigar sobre este hecho, se dieron cuenta de que no había pruebas que respaldaran la legitimidad de la participación de Anonymous en esta amenaza, por lo que era bastante probable que quienes estuvieran detrás de este video fueran farsantes o bromistas. No es que eso haya mermado la atención de los medios, pues todavía aseguran que Anonymous y Los Zetas están prontos a librar una batalla a muerte.
Esta noticia se enmarca en una creciente histeria que liga a las redes sociales con la guerra contra las drogas en México, país en donde recientemente dos tuiteros fueron arrestados y puestos en prisión por varios días debido a supuesto terrorismo virtual y en el que los medios dicen que Los Zetas han asesinado a usuarios de redes sociales que reportan sobre sus acciones criminales, aun cuando no existe ninguna prueba real que relacione estos asesinatos con el uso del Internet.
Tal parece que en este valiente, nuevo mundo virtual, la rigurosidad y el escepticismo quedaron atrás. Si el Internet lo dice, es noticia y es verdad, no hay nada más que investigar.
