jul 26 2011

Los otros

Secciones Uncategorizedsoho @ 5:21 am

Por Alberto Calvo.

Ninguna opción es fácil. Podríamos decantarnos, primero, por la lógica del hígado: Anders Behring Breivik, el responsable del asesinato de decenas de civiles el viernes pasado en Noruega, es un perfecto hijo de puta. Para rematar, podríamos decir que está desquiciado y que, por más ejecución pública, por más lapidación o fusilamiento, sus crímenes no tienen perdón de Dios.

Hasta hace algunos días, Anders era un tipo más bien misterioso y retraído. Los psicópatas y asesinos en serie, salvo excepciones muy bien conocidas, suelen ser así. No despiertan sospechas. Nadie diría que son capaces de matar una mosca. Postean en Twitter, un domingo y en piyamas, cosas como: “Una persona con una creencia iguala la fuerza de 100.000 que solo tienen intereses”. Parecen, incluso, lúcidos, agudos. En su facebook figuran gustos literarios tan comunes como lo son Kafka y Orwell, y, desde luego, el autor de la cita, Stuart Mill. (Conozco individuos mucho menos nocivos que recitan de memoria el Anticristo de Nietzsche y Mi lucha, de Hitler).

Pero de pronto van, los otros, se despiden de su madre, reciben su bendición y, horas después, detonan una bomba de fabricación casera y hacen volar por los cuatro vientos el edificio donde se suponía que debía estar el Primer Ministro de la nación más próspera del mundo. Así, como si tal cosa. Luego abren fuego contra un grupo de estudiantes en un campamento de verano. Un día cualquiera, como hoy.

Entonces, uno se pregunta: ¿no sería todo mejor si nos diesen una señal, una pista de que algo puede andar mal? Que nos digan que están tristes o que recién han roto con su pareja. Que se autoflagelen o caigan en un trampolín cuando su verdadera intención habría sido la de chocar contra el suelo y partirse el cráneo en dos. Un guiño sutil, al menos. Yo pediría que usasen camisas negras y rímel. Que nos dejaran ver, por el coño bendito, que hay algo de maldad ahí adentro. Que no nos tomaran de imprevisto.

Porque, a este punto, poco importa que Anders sea un cristiano conservador y ultraderechista, o que haya integrado la filas del Partido del Progreso. A nadie le interesa que la derecha de hoy vaya en pro del Estado de Israel y la de antes lo deplorara. Creo que, si todo está en orden —como creo que está—, media Noruega no se está preguntando si es conveniente o no analizar el fenómeno antiislámico o la apertura del mercado. Lo que se está preguntando, y no alcanza a responderse, es cómo alguien puede matar a 77 personas y luego sonreír de esta manera.

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jul 18 2011

Con las manos en las bolsas

Secciones Uncategorizedsoho @ 3:33 am

Por Danny Brenes.

Argentina mira incrédula. Muslera lanza los brazos al cielo, agita los puños en pos de las estrellas, y a su alrededor la Argentina se hace muda, pierde el temple, se convierte en historia. Se convierte en pasado.

Argentina no entiende. Cuentan las luminarias que conforman su plantel y no lo entiende. ¿Cómo es que —se pregunta— con tanto, tenemos tan poco? El fondo del mate no tiene respuestas, y eso solo reproduce los cuestionamientos. Reclaman aireados. Piden la renuncia de los vejestorios que han empujado un fútbol, otrora de élite, al triste dolor de empacar prematuramente las maletas.

¿Cómo es que, con tanto, estamos en crisis?

***

A su siniestra, Chile también alza los brazos. Agita los puños en pos de las estrellas. Mas no permanece mudo. Chile grita, clama, exige un cambio.

A las calles se han lanzado sus hijos, quienes se dan de pedradas contra la fuerza bruta de Piñera, mientras sus voces, unidas en un solo reclamo, entonan una sola verdad: ya no alcanza ni pa’ soñar.

Chile, un país que brilla por su desempeño económico a nivel internacional, no comprende lo que le pasa. ¿Cómo es que —se preguntan sus hijos, consternados, indignados— con tanto, tenemos tan poco?

¿Cómo es que, con tanto, estamos en crisis?

***

Más arriba, Laura se acomoda el cabello y mira directo a la cámara. Hora rara para un comunicado de Casa Presidencial transmitido en cadena: las diez de la noche. Ya los niños duermen. Los adultos son quienes le escuchan. ¿Incrédulos?

Laura confirma el rumor: a la Suiza la acosa una seria, aterradora lumbalgia. Su columna vertebral, la Caja Costarricense de Seguro Social, está maltrecha y agonizante. A las puertas del abismo. Y del silencio.

La Laura de la gente, la que apenas unos meses atrás inaugurase con gracia y estilo el coliseo de La Sabana, inyecta una dosis de morfina —válida por 85 mil millones de colones— que apenas contrarresta el dolor infligido durante años de olvido y mala praxis burocrática.

Y Costa Rica guarda silencio.

Entretanto, un grupo de sindicalistas y empleados del dinosaurio moribundo promete una huelga general a efectuarse unos días después. Marchan porque exigen… algo. Porque quieren salvar a la Caja…, abandonan sus puestos de trabajo. Porque quieren rescatar el Seguro Social, aplazarán citas y colapsarán el sistema. Exigen brumas. Demandas difusas.

Mientras tanto, la evasión de pagos es cosa de todos los días; las horas extra de los propios empleados de la CCSS le cuestan millones de colones al Estado —ergo, al pueblo—; el servicio de los médicos empuja a muchos usuarios a la medicina privada —donde son atendidos, ¡aleluya, aleluya!, por esos mismos médicos—; y la sombra de la privatización ennegrece el horizonte.

Y Costa Rica sigue digna, en silencio.

No se trata de inyectar plata prestada —hacen falta dos dedos de frente para saber que ya llegará el momento de pagar— ni de abandonar el barco con la excusa de la huelga. Es una cuestión de memoria, en realidad. Y de compromiso. Se trata de recordar cuál es la raison d’être de la Caja: todos para uno, uno para todos. Un contrato social que protege el sistema solidario. Es tender la mano. Solo así se puede rescatar el Seguro Social, nuestra columna vertebral.

Pero todo sigue igual. Nadie se pregunta dónde quedaron los tiempos de élite. Nadie alza los puños, exigiendo un cambio.

Costa Rica, con las manos en las bolsas, sigue, digna, en silencio.

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jul 11 2011

Estados fallidos

Secciones Uncategorizedsoho @ 3:49 pm

Por Manfred Vargas.

La peor parte de ser un Estado independiente es no poder echarle la culpa a los otros por las desgracias propias.

Bueno, bueno, eso es relativo. Si algo les sobra a los Estados modernos son los chivos expiatorios, listos para justificar cualquier problema o incompetencia que aparezca a lo interno de un Estado. Ya sean los inmigrantes ilegales, el Imperio, el Grupo de Bilderberg o los judíos, las excusas siempre están a la mano.

Pero llega un punto, en la historia de todo país, en que ya ni siquiera esas excusas funcionan y ahí es cuando el triste estado de las élites políticas nacionales queda en evidencia, al punto que ya ni siquiera pueden realizar sus funciones básicas, perdiendo control sobre su territorio, fracasando en la provisión de servicios públicos y perdiendo toda legitimidad. Llegado ese momento, estamos ante la presencia de un Estado fallido.

Algunos Estados prácticamente nacen fallidos. Veamos el caso de Sudán del Sur, el más reciente miembro de esta reconfortante familia que llamamos “comunidad internacional”.

Los sudsudaneses celebraron hace un par de días su independencia; y todo bien con eso. No obstante, una vez pasada la juerga (los sudaneses del sur son cristianos, por lo que sus conquistadores les inculcaron el gusto por el guaro), se viene la larga resaca de un país que cuenta con el peor índice de mortalidad femenina a nivel mundial, nulas fuentes de agua potable y una gran mayoría de sus niños fuera de las escuelas. Lo único que tienen de sobra es petróleo. Suerte con eso, por cierto.

Si un médico “inmoral” hubiera diagnosticado a esa criatura en el vientre, habría recomendado un aborto. Pero los padres, esperanzados, decidieron concebir al retoño y ayudarlo a crecer de la mejor manera posible, aun cuando las probabilidades están completamente en su contra. Bien por ellos, los liberados, los idealistas de la tierra.

También están aquellos Estados fallidos que, si un doctor no menos pagano los revisara, no tendría otra opción más que recomendar la eutanasia. En esos Estados, el futuro se ve oscuro, la desesperanza reina e, incluso, la desconfianza hacia los líderes criollos es tan grande que hasta se prefiere que gobiernen los extranjeros.

Me refiero, por ejemplo, a Guatemala. Desangrado por décadas de guerras civiles y corrompido por la presencia ubicua del crimen organizado y el narcotráfico, Guatemala es un Estado rehén, a merced de su propia historia violenta. Un Estado tan inservible, que las mismas Naciones Unidas, en una misión inédita, tuvieron que entrar a gestionar procesos judiciales internos, ante la incapacidad manifiesta de los guatemaltecos para hacerlo por su cuenta.

Sin embargo, no todo está mal en Guatemala. Nada más basta recordar a Rodrigo Rosenberg, aquel heroico abogado que se enfrentó a las oligarquías y pagó con su vida sus esfuerzos por desenmascarar a un Estado corrupto. ¿Ah, no? ¿Ni siquiera eso fue verdad?

Cuando una sociedad pierde su capacidad para imaginar un mejor mañana, cuando todo parece ser una maraña de mentiras inventadas por los defensores de los oscuros intereses de siempre, se pierde el control de un país, y el fracaso es el destino inminente.

En ese sentido, es tristemente apropiado que alguien como Facundo Cabral muriera en un lugar como Guatemala, puntualizando así, de una manera un tanto “bolañesca”, el momento en que la región se terminó de ir a la mierda.

Porque hoy le pasa a Guatemala, pero si seguimos así, y con ánimos de ser alarmista, los próximos podemos ser nosotros.

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jul 05 2011

Tendencias (suicidas)

Secciones Uncategorizedsoho @ 5:03 am

Por Alberto Calvo.

Hace algunos meses anuncié, de manera fatalista, mi desaparición de las arenas virtuales. Quería borrarme del mapa, explotar. Desaparecer de perfiles, cuentas, muros, álbumes, espacios confinados: esfumarme. La noticia fue bien acogida entre mis enemigos, que son pocos, pero suman. Mis amigos no se pronunciaron al respecto, quizá porque en el fondo también lo celebraban.

Puse una fecha y procedí, pero antes dejé claros los alcances: en público, como correspondía. Traté de ser franco y educado, todo un señorito: mandar a la mierda sin herir sensibilidades; hablar de suicidio sin evocar corsés religiosos; divertirme sin caer en el chiste fácil. Este es un extracto del acta que, firmada por un notario, dio fe de mi promesa de muerte.

Voy a desaparecer mi cuenta de hotmail. No tengo ni la más remota idea de si tal cosa es posible, pero, sí o sí, esa cuenta va a pasar a mejor vida, como yo. Esto debí hacerlo desde hace meses, desde el preciso momento en que dejé de recibir correos decentes: correos brillantes, edificantes, cuando no absolutamente aleccionadores. Pero antes de presionar el botón de delete, si es que el trámite resultase así de sencillo, quiero que una cadena o un virus me infecten el sistema, para morir por algo que de verdad merezca la pena.

Adiós al facebook de una vez por todas. Cuando se comprueba que alguien es capaz de fusilarse, con toda la alevosía y ventaja del caso, una frase de Bukowski, haciéndola pasar como propia, queda poco o nada por hacer. En todo caso, lo peor del hecho no fue el plagio descarado —esos están a la orden del día—, sino la seguidilla de comentarios validando y aplaudiendo la obra del miserable escritor, vuelto famoso gracias a la ignorancia de las masas. No quiero morir simplemente: quiero que facebook muera conmigo”.

Y concluí de esa forma desapasionada, pero llena de resentimiento. Los restos de mi vida virtual fueron cayendo en muertes sucesivas, con el paso del tiempo. Del hi5 solo conservo un par de fotografías, pequeñas piezas únicas en su especie no tanto por lo vintage como sí por lo censurables. Cayeron también un par de cuentas de foros en los que, con ligeras variaciones, me dediqué a decir lo mismo de diversas maneras, con tan mala suerte que todas esas maneras acabaron siempre en insultos. Con Twitter decidí sacar provecho, evitándome así otro registro innecesario: le cedí los datos a mi madre y ahora es ella quien “tuitea” por mí.

Me cuentan que soy una sensación.

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