Por Alberto Calvo.
Ninguna opción es fácil. Podríamos decantarnos, primero, por la lógica del hígado: Anders Behring Breivik, el responsable del asesinato de decenas de civiles el viernes pasado en Noruega, es un perfecto hijo de puta. Para rematar, podríamos decir que está desquiciado y que, por más ejecución pública, por más lapidación o fusilamiento, sus crímenes no tienen perdón de Dios.
Hasta hace algunos días, Anders era un tipo más bien misterioso y retraído. Los psicópatas y asesinos en serie, salvo excepciones muy bien conocidas, suelen ser así. No despiertan sospechas. Nadie diría que son capaces de matar una mosca. Postean en Twitter, un domingo y en piyamas, cosas como: “Una persona con una creencia iguala la fuerza de 100.000 que solo tienen intereses”. Parecen, incluso, lúcidos, agudos. En su facebook figuran gustos literarios tan comunes como lo son Kafka y Orwell, y, desde luego, el autor de la cita, Stuart Mill. (Conozco individuos mucho menos nocivos que recitan de memoria el Anticristo de Nietzsche y Mi lucha, de Hitler).
Pero de pronto van, los otros, se despiden de su madre, reciben su bendición y, horas después, detonan una bomba de fabricación casera y hacen volar por los cuatro vientos el edificio donde se suponía que debía estar el Primer Ministro de la nación más próspera del mundo. Así, como si tal cosa. Luego abren fuego contra un grupo de estudiantes en un campamento de verano. Un día cualquiera, como hoy.
Entonces, uno se pregunta: ¿no sería todo mejor si nos diesen una señal, una pista de que algo puede andar mal? Que nos digan que están tristes o que recién han roto con su pareja. Que se autoflagelen o caigan en un trampolín cuando su verdadera intención habría sido la de chocar contra el suelo y partirse el cráneo en dos. Un guiño sutil, al menos. Yo pediría que usasen camisas negras y rímel. Que nos dejaran ver, por el coño bendito, que hay algo de maldad ahí adentro. Que no nos tomaran de imprevisto.
Porque, a este punto, poco importa que Anders sea un cristiano conservador y ultraderechista, o que haya integrado la filas del Partido del Progreso. A nadie le interesa que la derecha de hoy vaya en pro del Estado de Israel y la de antes lo deplorara. Creo que, si todo está en orden —como creo que está—, media Noruega no se está preguntando si es conveniente o no analizar el fenómeno antiislámico o la apertura del mercado. Lo que se está preguntando, y no alcanza a responderse, es cómo alguien puede matar a 77 personas y luego sonreír de esta manera.
